Noche de Panuchos en Primavera

Psic. Jaime Goyri Ceballos

Ha sido un día lleno de contrastes, por la mañana decidí lavar, o más bien poner la lavadora a funcionar, leer un poco, comprar el almuerzo, ir a la oficina y cerrando los pendientes llegué a casa, luego de un breve intercambio de ¿qué cenaremos?, ¿qué se te antoja? y ¿a dónde vamos? Decidimos optar por unos tradicionales panuchos, probaríamos un lugar nuevo, no tan diferente a los que frecuentamos pero distinto al fin y al cabo.
Algo que me llama la atención cada vez que salgo a algún restaurante son las parejas que se encuentran en el lugar, parte de l@s comensales!… y es que no suelo hacer aquello que mucha gente cree que hacemos los psicólogos “analizar a la gente en la calle o cuando la conocemos” por el contrario, siempre he sostenido que eso sería un tanto “ocioso” de mi parte y he de confesar en este punto que sí, fui ocioso al observar a aquella pareja que se encontraba cenando en la mesa de enfrente… un dúo heterosexual de entre 50 y 60 años tal vez, que apenas y cruzaba palabra alguna, mientras comían; por otro lado, me veía a mi mismo en un incesante intercambio de ideas, anécdotas, emociones e inquietudes con mi ser amado, no me mal interpreten no añoraba ni por un instante ese silencio que rodeaba la mesa de enfrente y es que adoro el silencio, la paz y las posibilidades que éste brinda, pero del silencio hablaré en otro momento; regresando al punto, la pareja callada se volvió más un estímulo que un objeto de análisis, se volvió un “preguntarme ¿cómo es la persona con la que quiero estar en pareja?, un ¿qué tipo de relación de pareja quiero construir?”, un ¿qué tanto escucho a mi pareja y cómo me intereso por ella?…
No imagino un momento en el que no pueda conversar con mi ser amado, la posibilidad de no sentirme escuchado o de no escucharle es casi improbable; siempre he dicho que ya muy pocas cosas me sorprenden en esta vida pero sucede que cada vez que tengo una conversación con alguien, no sólo con mi pareja, sigo maravillándome de los lugares a los que se pueden llegar con el lenguaje.
En este punto de mi escrito me pongo a pensar en lo complicado y casi artesanal que pudiera resultar construir una conversación, sobre todo si no estamos acostumbrad@s a ser generativ@s, y es que no estoy seguro de que una conversación necesariamente tenga que ser verbal, tal vez no es el medio que funciona para todo mundo, tan es así que hoy una consultante descubrió que escribir una carta a su pareja fue valiosa herramienta para mover de lugar un poco la relación…
Iniciar una charla es complicado para algunas personas, para otras imagino que el reto es mantenerla, mientras para otras lo complicado ha de ser el contenido, y es que no hay recetas para conversar… o sí? Al final del día la receta, me parece, es construir juntos en pareja, conversaciones en las que nos sintamos cómodos, interesad@s, escuchad@s, (inserte su expectativa aquí), (inserte otra expectativa aquí), (y cuantas sean necesarias), y cada receta, como en la cocina, se puede mejorar, y el sazón, como en la cocina, siempre es diferente!

Publicado por: Psicologo360 Fecha: 14 abril, 2015