La Silla en la Bodega

Psic. Jaime Goyri Ceballos

Platicaba con alguien en terapia que a veces, las personas son como sillas que han estado en la sala (nuestra relación de pareja) de nuestra casa (nuestra vida) por mucho tiempo hasta que llega el punto en el que nos damos cuenta de que ya no la queremos y decidimos mandarla a la bodega, a veces sabemos que la silla existe pero elegimos no sacarla (ni acomodarla en algún espacio de la casa) por no estar convencid@ del modo en que combina con lo demás, a veces sacamos la silla, y retapizada hace un muy buen juego con el resto de la casa pero en ocasiones la silla simplemente ya no tiene remedio y es entonces cuando hay que ¿botarla? Pues sí… tal vez ese sea el momento en que la silla sea más adecuada en otro espacio, para otra casa, con otras circunstancias y características.

Pudiera sonar un tanto trillado la frase de “atesora los buenos momentos y olvida los malos, ya conocerás a alguien mejor, que te merezca”, ésa y otras frases han salido de nuestra boca o de alguien más cuando hemos terminado, o estamos decidiendo terminar una relación de pareja, pero qué pasa cuando a pesar de querer finiquitar el asunto en cuestión no estamos dispuestos a, no estamos seguros, no queremos, no nos interesa o no es el momento (la razón que desee, o todas juntas), de sacar a esa persona de nuestra vida. No, no hablo de “estar obsesionad@”, ni del “no poder soltar”, simplemente planteo cuando las relaciones cambian, han dado lo que han tenido que dar o son de una forma distinta a la esperada para ese momento de nuestra vida…

Lo anterior me lleva a plantear, como el caso de la silla, el ¿qué queremos hacer con esa persona que alguna vez amamos en pareja? y es que si lo pensamos por un momento, me parece que no necesariamente tendríamos que sacar de nuestra vida a ese ser amado, si bien seguramente existen autores que planteen que al terminar una relación de pareja es importante echarle de nuestra vida, creo que en este punto pensaría si queremos realmente cortar cualquier posibilidad de relación o contacto con ella o es que tal vez podemos construir una relación diferente, ¿tal vez de amistad?… Y el reto en ese sentido, sea mirar a la persona de un modo distinto, ya no como un ser amado a modo de pareja sino como un ser amado a modo de amig@, ¿acaso no podríamos aspirar a tener, a nuestro alrededor, uno o varios seres a quien amar? ¿acaso eso no podría ser parte de sentirnos amad@s? Por supuesto podríamos plantearnos cuál es el significado que le damos a esa palabra tan grande, y a veces manoseada en el léxico popular, AMOR! Tan sencilla de escribir y tan compleja de definir, casi como lo es una relación poliamorosa…

Pero no todo es miel sobre hojuelas, sería muy iluso de mi parte, pensar que con todas las personas que fueron nuestr@ sujet@ de deseo, podemos construir una relación de amistad por el contrario, me parece que también habrá con quienes simplemente no deseemos, no nos interese, no queramos, no tengamos la disposición (o la razón que quiera) para seguir en contacto una vez terminado el llamado vínculo amoroso, diferente es el reto cuando existen hij@s de por medio, de ello hablaremos en otro momento.

Entonces ¿cómo saber qué hacer con esa silla que tenemos en la sala? No sé si tengo la respuesta única, verdadera e inamovible para ello, lo que sí se me ocurre en este momento es que pudiéramos preguntarnos ¿qué tan cómod@s nos sentiríamos manteniendo la silla en otra parte de la casa?, ¿Vale la pena?, ¿qué tan tranquil@s o en bienestar nos sentiríamos manteniéndola en casa?, ¿realmente querría conservala?, ¿la silla desearía ser conservada en la casa?, de ser el caso entonces, ¿qué necesitaría para que la silla sea útil en la casa y no un estorbo?, ¿qué pasaría si la mando a la bodega un tiempo o si la boto a la basura?… a veces las remodelaciones brindan un aire diferente a la casa…

Publicado por: Psicologo360 Fecha: 14 mayo, 2015